Observaciones de la primer vista
Cuando abro el sobre de Rebecca y echo un vistazo general, lo primero que me llama la atención son los símbolos basados en puntos y líneas. Lo siguiente, el color. Como no percibo nada que me indique la altura de los sonidos en la partitura, comienzo a improvisar las notas. En cuanto a las figuras, los puntos son notas muy cortas para mí, y las líneas son notas más largas (o notas cortas seguidas de pequeños silencios).
Me doy cuenta de que el segundo papel (que muestra una onda con diferentes amplitudes) puede verse a través del primero, pero no consigo verlo nítido… de alguna manera, utilizo las dinámicas de una manera natural, según a voy sintiendo en la improvisación.
A partir de ahí, me dejo llevar partiendo de esos primeros estímulos recibidos desde el papel. Interpreto la partitura muy libremente en el sentido de que no cumplo a rajatabla cada símbolo hasta el final de la partitura.
Nada más tocarlo lo escucho, y no me satisface. El día siguiente lo vuelvo a escuchar, y me empieza a gustar más.
Observaciones de la segunda interpretación
Me dispongo a analizar la partitura, comienzo a querer encontrarle un significado a cada símbolo. Los puntos son para mí, claramente notas cortas. Las líneas: notas largas. La duración de estas notas largas puede variar.
El detonante de la sonoridad y el concepto general de la grabación final han resultado ser los símbolos con círculos, así como mi impulso de grabar utilizando un pedal de delay. Así como los puntos son notas cortas, los puntos rodeados por un círculo significan que establezco un delay de duración corta (se repite cada muy poco). En cambio, la línea rodeada de un círculo, supone que pongo un delay más largo.
Los círculos unidos por una línea larga son para mí un cambio del delay realizado lentamente, de manera gradual, escuchándose la variación y formando parte del discurso.
El uso de estos “ecos” y la variación en sus velocidades influyen dramáticamente en lo que toco, y el resultado me lleva a terrenos minimalistas, no tonales y lejanos a mi habitual rol de músico de jazz.
¿Y qué hay de los colores? Curiosamente, siendo quizá lo que primero percibimos al ver la partitura, en este caso han tenido poco peso en el resultado. He decidido que el rojo son notas “mutedas” con la palma de mi mano derecha, mientras que el color azul significa que toque más ligado, con notas más largas (no entrecortadas). Aunque, una vez más, esto ha ido variando conforme iba improvisando.
En ninguna de las dos grabaciones he llegado al final de la partitura. La interpretación y la improvisación me han llevado a “volar” más allá del papel.
Para mi lo más interesante, enriquecedor y excitante, es que la partitura me ha llevado a tocar de una manera distinta, a explorar nuevos espacios, y en definitiva, a ampliar mis miras y a seguir creciendo.
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